Los resultados de esta reciente revisión sistemática y metaanálisis publicada en el Journal of Sleep Research por los Drs. Srivali y De Giacomi me parecen verdaderamente reveladores. El estudio confirma que la apnea obstructiva del sueño (AOS) afecta a más del 50% de los pacientes con bronquiectasias (tanto en fibrosis quística como no quística), una prevalencia exponencialmente mayor que en la población general. Lo más impactante de este hallazgo es que no responde al patrón clásico: los pacientes no suelen presentar obesidad (con un IMC promedio en rango normal de ~24 kg/m²) ni la somnolencia diurna habitual, siendo factores de riesgo clave el sexo masculino, la evolución prolongada de la enfermedad y el uso de corticoides. Esto evidencia un mecanismo fisiopatológico distinto que exige incorporar un cribado sistemático de AOS en las unidades de neumología y bronquiectasias. Ante esta compleja interacción entre la inflamación crónica de la vía aérea inferior y el colapso de la vía aérea superior —donde además solo un 41% de los diagnosticados recibe o tolera terapia con CPAP—, se vuelve imperativo ir más allá de los tratamientos convencionales. En pacientes pulmonares con vía aérea frágil, el fallo del soporte neuromuscular faríngeo agrava la desaturación nocturna. Aquí es donde la terapia miofuncional se posiciona como una herramienta terapéutica de valor incalculable: al tonificar la musculatura orofaríngea de forma no invasiva, mejoramos el colapso estructural sin añadir resistencia respiratoria ni incomodidad mecánica.
Enlace de referencia: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41905893/
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